🚖 Centro Automotriz Jáquez cierra sus puertas después de 67 años de servicios

El Estado

Para miles de ciudadanos, ese punto en la avenida 27 de Febrero fue más que un taller. Fue refugio bajo la lluvia, sombra en días de sol intenso, punto de encuentro, referencia obligada al cruzar la ciudad. Un lugar que, sin proponérselo, se metió en la vida cotidiana de la gente.

El cierre del Centro Automotriz Jáquez no es solo el final de una empresa. Es la despedida de un símbolo.

Durante 67 años, este emblemático establecimiento dejó de ser únicamente un centro de servicios automotrices para convertirse en parte de la identidad urbana de Santo Domingo. Porque hay negocios que trascienden su función comercial: se vuelven referencia, rutina y memoria colectiva.

Fundado en 1959 por don Rafael Jáquez, junto a su esposa doña Nurys Castillo, el llamado “Centro Jáquez” fue pionero en la industria automotriz nacional. No solo introdujo tecnología avanzada para su época —como el dominio de las transmisiones automáticas y la primera máquina de alineación electrónica en el país—, sino que marcó un estándar de honestidad y profesionalismo que lo posicionó como referente durante décadas.

Sin embargo, más allá de sus logros técnicos, su verdadero impacto fue humano.

Para miles de ciudadanos, ese punto en la avenida 27 de Febrero fue más que un taller. Fue refugio bajo la lluvia, sombra en días de sol intenso, punto de encuentro, referencia obligada al cruzar la ciudad. Un lugar que, sin proponérselo, se metió en la vida cotidiana de la gente.

Quienes crecieron transitando por esa vía lo recuerdan como parte del paisaje: un sitio que siempre estaba ahí, firme, constante, acompañando silenciosamente el paso del tiempo.

Por eso, su cierre —programado para este 30 de abril de 2026— no se siente únicamente como una decisión empresarial. Se siente como una ausencia. Como si una parte de la ciudad dejara de latir.

La historia del Centro Jáquez es también la historia de una generación que apostó al trabajo digno como forma de vida. Desde su primer taller en Villa Juana, hasta su consolidación en la 27 de Febrero, don Rafael construyó mucho más que una empresa: construyó confianza. Una confianza que no se compró, sino que se ganó con décadas de integridad innegociable.

Durante su apogeo, por sus instalaciones pasó todo tipo de público, desde ciudadanos comunes hasta figuras reconocidas, muchos de los cuales dejaron de ser clientes para convertirse en amigos. Era un negocio, sí, pero también una comunidad.

Hoy, a sus 89 años, don Rafael reconoce que su mayor legado no está en las máquinas que reparó, sino en los vínculos humanos que creó.

El cierre también deja abierta una reflexión inevitable: el paso del tiempo. Negocios familiares como este, levantados con sacrificio y visión, muchas veces enfrentan el reto de la continuidad. La ausencia de un relevo generacional, sumada a las presiones económicas actuales, suele marcar el final de historias que parecían eternas.

Pero más allá de las razones, lo que permanece es la huella.

Porque cuando un negocio de esta magnitud desaparece, no solo se apagan sus luces. También se cierran capítulos de vida de miles de personas que, sin darse cuenta, hicieron de ese lugar una parte de su historia personal.

Centro Automotriz Jáquez se despide con la frente en alto, dejando tras de sí mucho más que un legado empresarial: deja un ejemplo de honestidad, trabajo digno y compromiso humano que difícilmente se repita.

Y como ocurre con todo lo que se vuelve parte de nosotros, su ausencia no será solo recordada… será sentida.

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