En la República Dominicana, el orden vial no se detiene ante la falta de leyes, sino ante el miedo a las urnas. El fenómeno de "calibrar" y el caos de los motores en nuestras calles no es un problema técnico ni de falta de agentes de la DIGESETT; es un problema de aritmética electoral que ningún gobierno ha querido resolver.
El Análisis: El botín electoral de las dos ruedas
Ningún gobierno se ha atrevido a aplicar la ley con rigor absoluto al sector motociclista. La razón es simple: más de 3.5 millones de unidades circulando representan el bloque de votos más grande y volátil del país. Fiscalizar de verdad, incautar motores sin registro o penalizar el manejo temerario significa echarse en contra a una masa crítica que decide quién sube o baja del Palacio Nacional.
Las instituciones como el INTRANT lanzan planes y campañas educativas que lucen bien en prensa, pero que en la práctica son "paños con pasta". Saben que un operativo nacional de regularización real podría provocar un castigo en las urnas. Al no ejercer autoridad por miedo al voto, el Estado ha enviado un mensaje peligroso: "Si son muchos, la ley no aplica".
La Cruda Realidad
Mientras la clase política calcula los votos, la morgue calcula las víctimas. Al cierre de 2025, los datos siguen siendo sangrientos: el 70.48% de los fallecidos en accidentes involucran motocicletas. Pero para el sistema, parece ser más aceptable contar muertos en los hospitales que perder simpatías en las encuestas. La DIGESETT se limita a operativos mediáticos mientras en cada esquina se "calibra" frente a sus narices; no es incapacidad, es la orden no escrita de no "calentar" la calle.
Posible Solución: Un Pacto de Valentía
La única salida real es un Pacto Nacional por la Seguridad Vial que trascienda los colores partidarios. Se requiere despolitizar la fiscalización y que la ley se aplique por sistema, no por operativos temporales. Pero esto requiere una voluntad política que, hasta ahora, ha estado ausente.
Un llamado al sentido común
No es una muestra de destreza, es una apuesta suicida. Esa adrenalina de unos segundos no vale el luto eterno de una madre que se queda esperando en casa, ni el vacío de una silla que nadie volverá a ocupar.
No te engañes, esto no es un entretenimiento; es una ruleta rusa donde la bala siempre termina alcanzando a los más inocentes. Antes de levantar esa goma, recuerda que no viajas solo: llevas contigo el futuro de tu familia y la paz de quienes te aman. Tu vida vale más que un aplauso en una esquina o un 'like' en redes sociales; no permitas que tu legado sea una mancha de aceite y sangre en el asfalto."
Conclusión: Mientras el motorista siga siendo visto como un "voto con ruedas" y no como un ciudadano sujeto a la ley, seguiremos siendo una República en una goma. El desafío no es solo de los jóvenes que calibran; el mayor desafío es para una clase política que debe decidir si prefiere ganar una elección o salvar a su pueblo de una muerte segura en el asfalto.