🎶 Bachata con Sello Machista

El Estado

A pesar de su evolución, pocas mujeres han logrado posicionarse en un género dominado históricamente por voces masculinas.

La bachata, ritmo declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, es uno de los géneros musicales más representativos de la República Dominicana. Con su guitarra, bongo y letras de desamor, ha conquistado el mundo. Sin embargo, a lo largo de su historia ha cargado con una crítica constante: el machismo presente tanto en sus letras como en la industria que la sostiene.

Desde sus orígenes en los bares y colmadones de los años 60, la bachata fue estigmatizada como "música de cabaret". Y con ella, vino un discurso marcado por la figura del hombre que sufre, bebe, reclama y posee a la mujer. Temas como “Pena por ti”, “Obsesión” o “Ella y yo” instalaron un imaginario donde el hombre es quien narra, quien duele, quien decide.

Ese patrón se ha repetido por décadas. Si revisamos los charts de los últimos 40 años, la lista de bachateros pegados es extensa y ha estado monopolizada por figuras masculinas que han dictado el sonido del género: Antony Santos, Luis Vargas, Raúlín Rodríguez, Frank Reyes, Teodoro Reyes, Joe Veras, Romeo Santos, Prince Royce, Zacarías Ferreira, así como otros grandes e importantes exponentes como Kiko Rodríguez, Elvis Martínez, el Torito (Héctor Acosta) en sus incursiones, Luis Segura (El Añoñaíto) y El Chaval de la Bachata. En cambio, los nombres femeninos que han logrado mantenerse y pegar temas de forma consecutiva se cuentan con los dedos de una mano: Sonia Silvestre en sus inicios, Yoselín y posteriormente Leslie Grace, Natti Natasha con fusiones, y más recientemente, Alexandra, Chantal y Mily Quezada con incursiones puntuales.

La pregunta es obligada: ¿por qué no se han pegado tantas mujeres en la bachata a través del tiempo?

Productores y programadores radiales coinciden en que el problema no es solo de talento. "La industria de la bachata se montó sobre una estructura de clubes, giras nocturnas y un público que por años consumió al hombre como protagonista del despecho", explica un productor del Cibao. "A la mujer se le pedía que fuera bonita, que bailara, pero no que liderara la historia".

Las letras tampoco han ayudado. Históricamente, la bachata ha reproducido roles donde la mujer es la infiel, la que abandona, la que provoca, o la que espera. Rara vez es quien toma la decisión, quien se va primero, quien canta desde su poder. Cuando una mujer intenta cantar bachata con letras de empoderamiento, choca con el molde que el público espera: dolor, resignación y espera.

Ese machismo estructural se refleja también fuera del estudio. Las mujeres bachateras han denunciado menos oportunidades de contratación, menos inversión en promoción y más presión estética. Mientras a referentes masculinos como Antony Santos, Raúlín Rodríguez o Frank Reyes se les ha validado y perdonado el paso de los años y los cambios físicos sobre los escenarios, a la mujer se le exige mantenerse eternamente joven para poder "vender" el género.

Aun así, hay cambios. En la última década nuevas voces han empezado a romper el esquema. Artistas como Leslie Grace, Daniel Santacruz en duetos, y compositoras que escriben para otros, están abriendo espacio. Las plataformas digitales también han democratizado: ya no se depende tanto de la radio para pegar un tema.

La bachata está evolucionando. Hoy habla de amor propio, de desamor sin súplica, de mujeres que se van y no vuelven. Pero el reto sigue siendo grande: para que el género sea realmente inclusivo, no basta con que haya más mujeres cantando. Se necesita que las disqueras inviertan, que las radios programen, y que el público consuma esas historias sin compararlas con el peso interpretativo de figuras tradicionales como Luis Vargas, Zacarías Ferreira o el propio Raúlín Rodríguez.

La bachata es dominicana, es nuestra, y como tal debe reflejar a todos. Si queremos que siga creciendo por 50 años más, es momento de que deje de ser una historia contada solo por hombres. Porque el desamor, la pasión y el despecho no tienen género.

Comenta con facebook