🖌️ Johnny Erasmo: análisis de su obra pictórica

El Estado

En un contexto artístico marcado muchas veces por la velocidad y la superficialidad, su trabajo se afirma como un espacio de silencio, pensamiento y sentido.

La pintura de Johnny Erasmo se inscribe en una tradición contemporánea que privilegia el sentido por encima de la forma pura, sin renunciar por ello a una exploración consciente del color, la materia y la composición. Su obra no busca el virtuosismo técnico como fin en sí mismo, sino la expresión de una verdad interior, íntimamente ligada a la experiencia humana, social y espiritual.

Desde una primera lectura visual, sus cuadros revelan una estética que oscila entre lo figurativo y lo simbólico. Las figuras, cuando aparecen, no están definidas por un realismo académico, sino por una intencional deformación expresiva, recurso que le permite enfatizar estados emocionales, tensiones internas y conflictos existenciales. Esta decisión lo acerca al expresionismo, pero sin caer en la violencia formal extrema; en Erasmo, la emoción está contenida, reflexiva, casi meditativa.

El color ocupa un lugar central en su lenguaje plástico. No es decorativo ni arbitrario: es estructural y narrativo. Predominan los tonos intensos —rojos, amarillos, azules profundos— que dialogan entre sí generando contrastes cargados de significado. El color funciona como lenguaje emocional, estableciendo atmósferas que van desde la esperanza hasta la angustia, desde la contemplación hasta la denuncia silenciosa. En este sentido, la psicología del color es un elemento consciente en su proceso creativo.

La materia pictórica también es significativa. Las pinceladas visibles, a veces densas y otras más sueltas, evidencian el gesto del artista y refuerzan la idea de una obra construida desde la experiencia, no desde la distancia. La textura no busca perfección, sino presencia: cada capa de pintura parece cargar con una historia, con un tiempo vivido.

Temáticamente, Johnny Erasmo aborda la condición humana desde múltiples ángulos: la soledad, la fe, la lucha interior, la dignidad, la esperanza y el conflicto entre el individuo y su entorno. Sus paisajes —cuando los hay— no son meramente geográficos, sino territorios simbólicos: volcanes, caminos, espacios abiertos o cerrados que representan estados del alma. En obras como Flores en el volcán, la imagen se convierte en metáfora: la belleza que brota en medio de la tensión, la vida que resiste incluso en escenarios de aparente destrucción.

Existe en su pintura una dimensión espiritual, pero no dogmática. La fe aparece como búsqueda, como interrogante, como fuerza interior más que como respuesta cerrada. Esta espiritualidad dialoga de forma natural con su obra literaria, donde también se plantea al ser humano como un sujeto en tránsito, en proceso de construcción moral y emocional.

Un rasgo distintivo de Johnny Erasmo como pintor es su ética de la creación. El hecho de que no venda los originales, sino que realice réplicas genuinas certificadas, no responde a una estrategia comercial convencional, sino a una concepción casi sagrada del original como archivo emocional y espiritual del acto creativo. El original permanece con el artista como testimonio del proceso; la réplica, cuidadosamente ejecutada, permite que la obra circule sin que se diluya su autenticidad. Esta práctica, aunque poco común, tiene antecedentes históricos y conceptuales en artistas que entendieron la obra como idea y experiencia, más que como objeto único de mercado.

En términos comparativos, Johnny Erasmo puede situarse en diálogo con pintores como Vincent van Gogh (por el uso emocional del color), Rufino Tamayo (por la síntesis entre figura, símbolo y color), Oswaldo Guayasamín (por la preocupación humanista y social) y ciertos momentos de Paul Klee (por la carga simbólica y espiritual). Sin embargo, su obra no es derivativa: estas referencias funcionan como ecos lejanos dentro de una voz claramente personal.

En conclusión, Johnny Erasmo se presenta como un pintor de conciencia, cuya obra plástica no busca deslumbrar, sino interpelar. Su pintura invita a detenerse, a mirar más allá de la superficie, a reconocer en el color y la forma una reflexión profunda sobre la vida, la memoria y la esperanza.

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